20 agosto 2014

MARGARET MITCHELL, LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ




MARGARET MITCHELL
Margaret Mitchell es una novelista norteamericana nacida en Atlanta en 1900. 


Se dedicó al periodismo colaborando con el Atlanta Journal y el Sunday Magazine y fue una de las primeras mujeres que consiguió una columna propia en un periódico de prestigio del Sur de los Estados Unidos. 





Conocida mundialmente por su novela Lo que el viento se llevó, obtuvo por ella el premio Pulitzer en 1937.

La temprana muerte de Margaret Mitchell en un accidente de tráfico y el tremendo éxito de su primera novela son las causas de que no dejase más obras.





LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

Margaret Mitchel escribió esta extensa novela durante un periodo de reposo y se basó en sus amplios conocimientos sobre la sociedad y la historia del Sur de los Estados Unidos y los relatos de sus mayores unidos a sus propias experiencias vitales.

Lo que el viento se llevó transcurre durante la Guerra de Secesión norteamericana y en ella se relata la historia de la bella Escarlata O'Hara sus amores y su lucha por recuperar, tras la guerra entre el Norte y el Sur, la hacienda familiar de Tara.



























En el libro, Tara simboliza la nostalgia por una época ya pasada que no volverá y el deseo del regreso al hogar de la niñez.


En el libro, a pesar de su visión romántica e idílica de las costumbres y tradiciones del viejo Sur, aparecen también reflejadas las causas de la guerra.

Una de las causas es la terrible desigualdad existente entre las economías del Norte y el Sur.

Tara tiene una economía de plantación sureña basada en el cultivo de algodón dependiente del trabajo de los esclavos.


Escarlata va a ver cambiar su mundo tras la guerra y con la instalación de un aserradero adoptará sistemas de trabajo propios del norte industrializado.

Otra de las causas de la Guerra de Secesión norteamericana fue el abolicionismo. 

Mientras en el Sur los esclavos eran considerados como una forma de propiedad, en el Norte las ideas más progresistas de Europa y Norteamérica habían calado en un fuerte sentimiento antiesclavista.







La profunda injusticia de la sociedad sureña y el esclavismo aparecen dulcificados en la obra por las fuertes relaciones personales que se establecen entre amos y esclavos.


La relación entre blancos y negros es concebida como una relación idealmente paternalista, donde los amos deben cuidar y dirigir a los esclavos, que a su vez deben servir a los blancos como agradecimiento ya que por ellos mismos serían incapaces de gobernarse.


Escarlata O'Hara es una mujer que, enfrentada al derrumbamiento de su sociedad, no se resigna al papel pasivo y sometido de la mujer del siglo XIX y adopta actitudes y modelos de comportamiento que solo eran aceptados en los hombres de su época. 


Escarlata enfrentada a las limitaciones que la cerrada sociedad de Atlanta imponen a las mujeres de su clase, trabaja y lucha para conseguir recuperar la riqueza que le devolverá la posesión de la tierra de Tara.








Lo que el viento se llevó es una obra polémica porque nos da una visión idealizada de la sociedad sureña y del esclavismo.

Por otra parte, las relaciones amorosas de Escarlata O'Hara por su amoralidad y su violencia se alejan en ocasiones de lo considerado como políticamente correcto.



No obstante esta extensa novela de Margaret Mitchell con su mezcla de amor, ambición y pasiones y su fondo de tema histórico fue uno de los libros más vendidos del siglo XX y fue llevada al cine con gran éxito.


LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ EN EL CINE







La película costó entonces unos cuatro millones de dólares y fue una de las más caras de la historia de cine y comparativamente obtuvo una de las mayores recaudaciones. 

Al menos tres directores estuvieron implicados en ella: George Cukor, Sam Wood y Victor Fleming  que fue el que finalmente aparece en los créditos. 

La excelente banda sonora fue obra del compositor austriaco Max Steiner.

En esta producción intervinieron más de cincuenta actores con guion y unos dos mil cuatrocientos extras.





LOS DIEZ OSCAR

Lo que el viento se llevó es una de las películas que más Oscar ha recibido.

Fue el primer filme en color que ganó el Oscar a la mejor película

Obtuvo ocho estatuillas de las trece candidaturas a las que optaba. 

Además, recibió otros dos Oscar especiales logrando un total de diez Oscar.

Estos galardones son:

- Oscar a la Mejor Pelícua (David O. Selznick)
- Oscar al Mejor Director (Victor Fleming)
- Oscar a la Mejor Actriz (Vivien Leigh)
- Oscar a la Mejor Actriz de Reparto (Hattie McDaniel)
- Oscar al Mejor Guión Adaptado
- Oscar a la Mejor Dirección de Arte
- Oscar a la Mejor Fotografía
- Oscar al Mejor Montaje
- Oscar Honorífico (William Cameron Menzies)
- Premio por logros técnicos (Don Musgrave y Selznick International Pictures)





LOS ACTORES

VIVIEN LEIGH












Tras hacer una difícil y muy publicitada selección entre numerosas estrellas, la actriz inglesa Vivien Leigh fue la elegida para el papel de Escarlata O'Hara.

Vivien que era inglesa, tuvo que aprender el acento sureño, pero resultó ser la actriz ideal para encarnar a la hermosa y temperamental Escarlata.


CLARK GABLE






















Clark Gable interpretó al jugador, bebedor y mujeriego Rhett Butler cuya complicada, pasional y en ocasiones violenta relación amorosa con Escarlata será una de las tramas de la historia.


OLIVIA DE HAVILLAND

Olivia de Havilland hizo el papel de la dulce y delicada Melania Hamilton la rival que finalmente se convierte en amiga de Escarlata.
Es la prima y esposa de Ashley Wilkes, el amor platónico de la protagonista.

LESLIE HOWARD













Leslie Howard interpretó al soñador Ashley Wilkes.

Ashley es vecino de Escarlata y está prometido a su prima Melania desde la niñez.

Ashely es un gran lector e intelectual, tiene grandes ambiciones pero es incapaz de llevarlas a la realidad.

A pesar de su matrimonio con Melania mantiene una actitud ambigua e indecisa ante las declaraciones de amor de Escarlata.


HATTIE McDANIEL




















La actriz Hattie McDaniel fue la primera persona afroamericana en recibir un Oscar

Hattie McDaniel ganó el Óscar a la Mejor Actriz de Reparto por su personaje de Mammy en la ceremonia de 1940. 

Este fue un hecho sin precedentes ya que ninguna otra persona de raza negra había recibido antes este galardón.

Mammy, la esclava y niñera de Escarlata es uno de los personajes más populares de la obra.


LOS SECUNDARIOS



Además de los papeles protagonistas hasta medio centenar de actores tuvieron que representar a los numerosos personajes secundarios que aparecen en la novela.


La sociedad sureña aparece retratada a través de diversos personajes unidos por complicadas tramas de relaciones y dramas humanos.










TRÁILER DE LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

La película de 1939 fue restaurada digitalmente el año 2009 para celebrar su setenta aniversario.
Este es el tráiler de esta restauración:
















































19 julio 2014

NADINE GORDIMER, UN HALLAZGO


NADINE GORDIMER (1923-2014)

Novelista sudafricana, de padres judíos, cuya obra toma posición contra la discriminación racial reinante en su país.

Uno de sus temas recurrentes es la injusticia del sistema del apartheid, y los conflictos morales que éste supone para la clase media blanca. 
Muy admirada por la fuerza de sus diálogos y por su habilidad de escribir apasionadamente sin caer en dogmatismos. 
Entre sus obras tenemos La historia de mi hijoUn mundo de extraños y Ocasión para amar.
Tambien escribió relatos cortos como el titulado Un hallazgo que podemos leer a continuación.
Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1991.



UN HALLAZGO

Que se las lleve el diablo.



Un hombre que había tenido mala suerte con las mujeres decidió vivir solitario por un tiempo. Dos veces se había casado por amor. Despejó la casa de cuanto de alguna manera se le había escapado a su abnegada segunda esposa cuando se largó con las posesiones favoritas que juntos habían coleccionado ‑cuadros, cristal fino, hasta los mejores vinos sacados de la cava‑; tiró los libros en cuya guarda la primera mujer había escrito, amorosa, su nuevo nombre de casada. En seguida se fue de vacaciones sin llevar consigo a ninguna mujer. Por primera vez, que pudiera recordar.



Pero aquellas rameras y vagabundas de quienes se creyó enamorado habían resultado tan infieles como las honestas esposas que juraron quererlo eternamente.



Se fue solo a un balneario donde las rocas lanzaban el mar hacia arriba en forma de abanicos ásperos y la marea siseaba y se chupaba las charcas. No había arena. Sobre piedras, semejantes a confites hirvientes, a rayas, punteadas o estriadas, la gente ‑las mujeres‑ se acostaba en colchonetas descoloridas por la sal y se acariciaba con aceites aromáticos. Aquel año llevaban el cabello recogido y sujeto por gorros elásticos de flores artificiales, o chorreaba suelto ‑al salir del agua con cuentas cristalinas como joyas sobre sus brillantes miembros‑ y cogido por hebillas doradas que intercambiaban señales luminosas con los pendientes que formaban un aro en sus orejas. Los senos iban desnudos y sobre el pubis vestían triángulos invertidos de tela fosforescente, asegurados por un cordón que subía por la división entre las nalgas, para encontrarse con dos cordones que bajaban del vientre y las caderas. En su línea de visión, mientras se alejaban hacia el mar, parecían totalmente desnudas; cuando subían del mar, jadeando de placer, en dirección a su línea de visión, sus pechos danzaban y se colgaban al agacharse; reían mientras recogían toallas, peines y bronceador. Los cuerpos de algunas tenían diseños parecidos a telas estampadas: listones y parches blancos o rojos donde la ropa había tapado algunos trozos de sus cuerpos de la llameante inmersión en el sol. Otras tenían los pezones en carne viva, como fresas, y se podía observar que a duras penas soportaban tocarlos con bálsamo. Había hombres, pero él no los veía. Cuando cerraba los ojos y oía el mar alcanzaba a oler a las mujeres ‑el aceite.


Nadaba mucho; adentrándose en la serena bahía, entre surfistas crucificados contra sus vistosas velas, o más cerca a la orilla, donde la espuma le golpeaba la cabeza bajo aludes de aguas blancas. Un cardumen de madres jóvenes andaba con sus infantes por las aguas poco profundas. Desnudos, apoyados contra su carne blanda, los niños se aferraban a ellas, tan recientemente separados de allí que parecían aún formar parte de aquellos cuerpos femeninos en los que habían sido sembrados por varones como él. Se acostaba sobre las piedras a secarse. Le gustaba su roce duro y se retorcía para ajustar sus huesos a ellas, hundiéndolos con sus movimientos hasta que lograba acomodarlos en las depresiones, de suerte que las curvas de su cuerpo, más que ofrecer resistencia, fuesen recibidas por ellas. Dormía, y despertaba para ver piernas afeitadas pasar junto a su cabeza ‑mujeres‑. Gotas desprendidas de los cabellos mojados de aquellas caían sobre sus hombros cálidos. A veces se encontraba nadando bajo el agua, debajo de ellas, y su cuerpo de piel áspera pasaba rozándolas, como un tiburón.

Como suelen hacer los hombres cuando están solos, echaba piedras al mar, recordando ‑recuperando‑ el arte de lograr hacerlas besar la superficie saltando. Acostado boca abajo fuera del alcance de los últimos arroyuelos, colaba puñados de piedras pulidas por el mar, entresacaba algunas y, de cerca, comenzaba a verlas como los adultos han dejado de ver: como un niño mira y remira una flor, una hoja o una piedra, siguiendo sus vetas aluviales, sus fragmentos de color misteriosos, las placas de mica allí sepultadas, sintiendo (lo hacía) su forma de huevo o de rombo, pulida por la mano aceitosa y acariciadora del mar.

No todas las piedras eran en realidad piedras. Había óvalos ambarinos aplanados que el océano, tallador de gemas, había pulido a partir de botellas de cerveza quebradas. Había cabujones de vidrios azules y verdes (otra botella ahogada) que podrían haber pasado por aguamarinas o esmeraldas. Los niños los recogían en gorras o en baldes. Y una tarde, entre tales tesoros, mezclados con trozos de espuma de estireno ‑desechos de barcos de carga‑, y con otras echazones que se arrojan al mar y flotan de nuevo para ser arrojaas otra vez en las playas de todo el mundo, encontró en las piedras con las que ocupaba una mano, como un monje que pasa las cuentas de su camándula, un auténtico tesoro. Entre los pedruscos de vidrio de color había un anillo de diamante y zafiro. No estaba sobre la superficie de la playa pedregosa, así que era evidente que ninguna mujer lo había dejado caer aquel día. Alguna querida, algún tesoro del hombre rico (o alguna esposa oculta), al zambullirse desde un yate, allá lejos, con sus joyas puestas mientras se iba despojando con elegancia de otros ropajes, debió sentir que uno de los anillos se le resbalaba del dedo por acción del agua. O no lo sintió, sólo lo percibió al regresar a cubierta, y corrió a buscar la póliza de seguros, mientras el mar arrastraba el anillo cada vez más hondo; y luego, cansándose de él con el correr de los días, de los años, y empujándolo con lentitud, lo echó afuera, y lo tiró a tierra. Era un anillo hermoso. Un zafiro, largo y oblongo, circundado de chispas redondas; y a lado y lado de este brillante montículo, un diamante tallado en forma de baguette que servía de puente a un círculo grabado.

Aunque lo había sacado de una profundidad de más de seis pulgadas mientras excavaba con sus dedos al azar, miró a su alrededor, como si la dueña tuviera que estar allí, de pie, encima de él.

Pero ellas se estaban embadurnando, estaban secando a los infantes con las toallas, se depilaban las cejas observándose en espejos diminutos, estaban sentadas con las piernas cruzadas y los senos apoyados sobre las mesas bajas donde el camarero del restaurante había colocado sus ensaladas y botellas de vino blanco. Subió al restaurante a llevar el anillo: tal vez alguien hubiese informado de una pérdida. La administradora se echó hacia atrás, como si un perista le hubiese estado ofreciendo bienes robados. Es valioso. Llévelo a la policía.

La sospecha despierta la atención; tal vez hubiera, en este lugar extranjero, algún motivo para sospechar, aun de la policía. Si nadie reclamaba el anillo, alguno de los lugareños se lo embolsaría. Así pues, qué importaba ‑y lo echó en su propio bolsillo, o mejor, en la bolsa donde guardaba el dinero, las tarjetas de crédito, las llaves del coche y las gafas de sol‑. Y regresó a la playa, a acostarse otra vez sobre las piedras, entre las mujeres. A pensar.

Puso un aviso en el periódico local: Hallado anillo en la Playa Horizonte Azul, el martes primero, junto con el teléfono y el número de su habitación en el hotel. La administradora tenía razón: hubo muchas llamadas.

Algunas de hombres que aducían que, en efecto, sus esposas, madres o novias habían perdido de veras un anillo en aquella playa. Cuando les pedía que lo describieran corrían el albur: un anillo de diamante. Pero cuando los presionaba, pidiéndoles más detalles, sólo les quedaba la mentira. Si una voz de mujer era lisonjera, mimosa (incluso llorosa a veces), identificable como la de una estafadora de mediana edad, colgaba en el momento en que ella intentaba describir su anillo perdido. Pero si la voz era atractiva y a veces claramente juvenil, suave, aun vacilante en su mentirosa osadía, le pedía a su dueña que viniera al hotel a reconocer el anillo.

Descríbalo.

Las sentaba cómodamente frente al balcón abierto para que la luz del mar indagara en sus rostros. Sólo una lo convenció de haber de veras perdido un anillo; lo describió en detalle y se marchó, apesadumbrada por haberlo molestado. Otras ‑algunas bastante atractivas o incluso muy, muy bonitas, vestidas para seducir‑ se habrían conformado con un resultado diferente de la visita si no lograban salirse con la suya al inventar su descripción del anillo. Parecían calcular que un anillo es un anillo: si es valioso, debe tener diamantes, y una o dos tuvieron el ingenio suficiente para decir que sí, que llevaba otras piedras preciosas, pero era una herencia (abuela, tía) y no sabían en realidad los nombres de las piedras.

¿Y el color? ¿La forma?

Se marchaban como ofendidas; o si reían con nerviosismo culpable era que sólo habían venido por aventurarse, para divertirse un poco. Y era bien difícil deshacerse de ellas de manera educada.

Pero hubo una cuya voz era diferente a la de cualquiera de las demás llamadas, quizás la voz dominada de una cantante o actriz, que expresaba timidez. Había perdido toda esperanza. De encontrarlo... mi anillo. Había visto el aviso y pensado no, no, es inútil. Pero ¿y si había una posibilidad en un millón...? Le pidió que viniera al hotel.

Con seguridad tenía cuarenta años, una belleza innata de grandes ojos serenos de un gris verdoso, que sólo necesitaba ayuda para conservar el color negro azabache de su cabello, que, comenzando en un penacho de forma de pico que se elevaba sobre la frente curva, se recogía en un bucle sobre la coronilla, brillante como plumas suavizadas. No había huellas de ningún pliegue allí donde se unían sus senos, firmemente separados en el escote de su vestido, tan negro como el cabello. Tenía manos hechas para anillos; extendió unos dedos largos, volteó las palmas hacia afuera: Y entonces se perdió; vi su reflejo por un instante en el agua.

Descríbalo.

Lo miró a los ojos, volvió la cabeza para apartar la mirada, y comenzó a hablar. Muy trabajado, dijo, platino y oro... Usted sabe, es difícil de precisar cuando se trata de un objeto que uno ha usado durante tanto tiempo, que ya ni lo nota. Un diamante grande... varios. Y esmeraldas, y piedras rojas... rubíes, pero creo que se habían caído antes... Fue al cajón del escritorio tocador y de debajo de unas carpetas que describían restaurantes, programas de TV por cable y servicios disponibles en la habitación, extrajo un sobre. Aquí tiene su anillo, dijo. Los ojos de la mujer no cambiaron. Lo extendió hacia ella. Su mano se dirigió lenta hacia él, como si nadara bajo el agua. Tomó el anillo y comenzó a ponérselo en el dedo del corazón de la mano derecha. No le servía, pero ella corrigió su movimiento con veloz acto de prestidigitación y se lo deslizó sobre el dedo anular, donde se acomodó.

La llevó a cenar y no se hizo alusión al tema. Nunca jamás. Ella se convirtió en su tercera esposa. Viven juntos y no hay entre ambos más cosas no dichas que las que se dan en otras parejas.
Nadine Gordimer



06 junio 2014

JOHN BANVILLE, BENJAMIN BLACK, LA RUBIA DE OJOS NEGROS


JOHN BANVILLE, PREMIO PRÍNCIPE ASTURIAS DE LAS LETRAS 2014

John Banville es un escritor  irlandés nacido en Wexford, en 1945. 

Tras acabar su formación escolar comenzó a trabajar en la compañía aérea Aer Lingus. 

Entre 1968 y 1969 vivió en los Estados Unidos y a su regreso a Irlanda trabajó en el diario The Irish Press, hasta su desaparición en 1995. 


Ha trabajado como  subdirector y editor literario del periódico The Irish Times y es habitual colaborador de The New York Review of Books.

En 2011, John Banville recibió el prestigioso Premio Franz Kafka, considerado por muchos como la antesala del Premio Nobel.

Banville está considerado por algunos críticos como el heredero natural de Nabokov.
El estilo de Banville es reconocido por su prosa precisa y el uso del humor negro en boca de la persona del narrador.

El Jurado del Premio Príncipe de Asturias acordó conceder el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014 "al novelista irlandés John Banville por su inteligente, honda y original creación novelesca, y a su otro yo, Benjamin Black, autor de turbadoras y críticas novelas policiacas."
El acta del jurado concluye diciendo: 
"La prosa de John Banville se abre a deslumbrantes espacios líricos a través de referencias culturales donde se revitalizan los mitos clásicos y la belleza va de la mano de la ironía. Al mismo tiempo, muestra un análisis intenso de complejos seres humanos que nos atrapan en su descenso a la oscuridad de la vileza o en su fraternidad existencial. Cada creación suya atrae y deleita por la maestría en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, y por su reflexión sobre los secretos del corazón humano."

BENJAMIN BLACK
Desde el año 2006 John Banville utiliza el pseudónimo de Benjamin Black para escribir novela negra.


La rubia de ojos negros es la última novela que ha firmado con su pseudónimo para novela negra, Benjamin Black. 


En esta novela Benjamin Black ha vuelto a dar vida al famoso detective Philip Marlowe de Raymond Chandler.


Le gusta decir que Black es un artesano y Banville un estilista: es sólo otra muestra de su humor. 

Banville y Black nos recuerdan por igual cuánta belleza, placer y emoción hay en la literatura.



LA RUBIA DE LOS OJOS NEGROS

Banville/Black pone su pluma al servicio del espíritu de Raymond Chandler por encargo de sus herederos.

En La rubia de los ojos negros resucita al legendario detective privado, Philip Marlowe, para embarcarlo en una nueva y peligrosa aventura en las calles de Bay City. 

La acción transcurre a principios de la década de los cincuenta. 
El negocio no anda bien y Marlowe se aburre, inquieto y solo  en su despacho cuando recibe la visita de Clare Cavendish, una millonaria joven y atractiva, elegante, rubia y de ojos negros.
Clare es la rica heredera de una gran firma de perfumes, pretende que Marlowe encuentre a un antiguo amante, un hombre llamado Nico Peterson. 
La mujer le encarga que busque a su amante, un hombre turbio, que ha desaparecido de la manera más extraña...

Black se transforma en Chandler pero no cae en el cliché, no llena el texto de tópicos, no lleva al personaje al exceso y se mantiene fiel en el retrato con altura literaria, frescura y estilo.  
Marlowe peles y recibe palizas de los malos de siempre, filosofa en la barra de un bar, juega al ajedrez en su triste casa de alquiler, bebe mucho, se mete en líos, desafía a la autoridad, lucha contra sus resacas y, por si todo ello fuera poco, se enamora de quien no debe. 
























30 mayo 2014

JOSEPH CONRAD, EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS


JOSEPH CONRAD
Pese a sus orígenes polacos Joseph Conrad, está considerado como uno de los más relevantes escritores en lengua inglesa del siglo XIX.

Conrad nació en el seno de una familia noble, muy activa dentro de los movimientos nacionalista polacos, algo que supuso su exilio tras la insurrección polaca sucedida en 1863. 

Tras quedar huérfano marchó a Marsella donde, a los 17 años, se enroló como marinero en un barco mercante.




De sus experiencias como marino por las costas de Sudamérica, India o África se nutren muchos de sus posteriores relatos, así como de sus vivencias durante las guerras Carlistas en España, donde luchó del lado del Archiduque.



Nacionalizado inglés tras varios años enrolado en la Royal Navy decidió retirarse a los 38 años para dedicarse de manera íntegra a la escritura.



Conrad vivió seis meses en el Congo devastado por la Bélgica de Leopoldo II. 

Allí constató las atrocidades cometidas con la población indígena, algo que sentaría las bases de una de sus novelas más famosas, El corazón de las tinieblas.




















Quizá la mejor introducción a El corazón de las tinieblas sea el escueto comentario que el propio Conrad hizo tras su viaje al Congo en 1890: "Antes del Congo, yo era un solo un simple animal."  


EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS


El corazón de las tinieblas es un cuento extenso o novela corta de Joseph Conrad.

Esta historia de apenas cien páginas transcurre en la África colonial del siglo XIX y mediante este relato de Conrad podemos contemplar otra civilización a través de los ojos de un extraño.

Marlow, alter ego de Conrad, es el capitán de un pequeño vapor de una compañía europea que se adentra en la selva africana en busca de Kurtz, agente comercial de un puesto interior que ha caído enfermo y a quien debe relevar...

Este clásico habla de la lucha del hombre contra los elementos naturales, si bien ha servido y sirve para criticar la amarga historia de un pueblo sometido a los excesos y privilegios de la colonización.



Las tinieblas de la selva africana son en el fondo las tinieblas que lleva cada uno en sí mismo, y que la pátina de la civilización apenas logra encubrir. 



Kurtz se ha adentrado en la selva con la intención primera de hacer de agente de dicha civilización, pero una vez solo y exento de inhibiciones, se vuelve una bestia, todo lo contrario de lo pregonado por la autocomplaciente civilización occidental.



APOCALYPSE NOW 


Apocalypse Now es una película bélica dirigida y producida por Francis Ford Coppola en 1979 y ganadora de dos premios Oscar.




















En El corazón de las tinieblas están las páginas que inspiraron a  Coppola para rodar su Apocalypse Now.




La historia se traslada desde África a Vietnam pero el sentido intrínseco del relato de Conrad permanece.






El Capitán Willard es un oficial de los servicios de inteligencia del ejército estadounidense al que se le ha encomendado en Camboya la peligrosa misión de eliminar a Kurtz, un brillante coronel renegado que se ha vuelto loco.



En el corazón de la selva, en un campamento sembrado cadáveres, la enigmática figura de Kurtz reina sobre los miembros de la tribu Montagnard de Camboya, que le adoran como a un dios.




La película ofrece una visión desmitificadora de la sociedad norteamericana y de la guerra de Vietnam. 

El coronel Kurtz critica como una gran mentira la inmoralidad escondida en el americano medio: "enseñan a los chicos a disparar a la gente, pero no les dejan escribir la palabra fuck en sus aviones"












Francis Ford Coppola declaró sobre su película que había sido "una experiencia electrizante y, problemas políticos y económicos aparte, he conseguido lo que me había propuesto: demostrar lo alucinante que fue la guerra de Vietnam."































ENTREVISTA A FRANCIS FORD COPPOLA SOBRE APOCALYPSE NOW



Francis Ford Coppola en la entrevista titulada 'Quise que América viera el rostro del horror' aparecida el 5 de octubre de 1979 en  el periódico Tele/eXpres,  declaraba:

"Apocalypse Now habla de la moral, de la hipocresía en particular; porque la hipocresía es la misma base de la guerra de Vietnam. La hipocresía es el más peligroso de los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Me di cuenta poco a poco de que las ideas que trataba de expresar en la pantalla, que las imágenes que creaba, coincidían con mi propia vida. Como el capitán Willard, perdido en alguna parte de la jungla olvidada, recorría el curso de un río esperando encontrar una respuesta a mis preguntas una catarsis a mis angustias. El recorrido del río era como un viaje. Esto es lo que he querido mostrar.

La película trata de una ambigüedad moral. Una parte del alma humana, si va demasiado lejos en una cierta dirección, corre el peligro de destruirse al abordar el territorio del horror amoral. Esto ha existido desde los orígenes del hombre. Lo primitivo sigue vivo en nosotros. 

¿Cómo os comportaréis si os encontráis en el centro de África adorado por los indígenas, o si sois como Cortés, en México, o si os sentís liberados del juicio de los demás o incluso de vuestras propias convicciones morales?

Ésta es la pregunta que se hace Conrad en El corazón de las tinieblas, relato en el que me inspiré. Yo también quise representar el caso límite de un hombre que va más allá de las reglas humanas. Va demasiado lejos y es destruido. En un sentido, se trata de un sacrificio. 

Yo quería matar a Kurtz, quería que muriera por Norteamérica, quería que Norteamérica viera el rostro del horror y lo aceptara como su propio rostro. Sólo en ese momento podrá alcanzar una nueva etapa. Estamos hablando de un tiempo futuro. Hay que prepararlo exorcizando el pasando."















TRÁILER DE APOCALYPSE NOW

Si te apetece conocer algo más de Apocalypse Now de Francis Ford Coppola, aquí tienes unas imágenes de la película: