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20 enero 2019

RAY BRADBURY, LA ÚLTIMA NOCHE DEL MUNDO



RAY BRADBURY
En una carrera que abarca más de setenta años, Ray Bradbury ha inspirado a generaciones de lectores a soñar, pensar y crear. 
Bradbury fue uno de los escritores más célebres de nuestro tiempo y fue un autor muy prolífico que escribió cientos de cuentos y cerca de cincuenta libros, así como numerosos poemas, ensayos, óperas, obras de teatro y para televisión y guiones cinematográficos.
Sus innovadores trabajos incluyen novelas como Fahrenheit 451 y las Crónicas marcianas
En 2005, Bradbury publicó un libro de ensayos titulado Bradbury Speaks, en el que escribió:
"En mis últimos años me he mirado en el espejo todos los días y he encontrado a una persona feliz mirando hacia atrás. De vez en cuando me pregunto por qué puedo ser tan feliz. La respuesta es que todos los días de mi vida he trabajado solo para mí y para la alegría que se obtiene al escribir y crear. La imagen en mi espejo no es optimista, pero es el resultado de un comportamiento óptimo."
La ultima noche del mundo se publicó en la revista Esquire en 1951.
La historia tiene lugar al inicio de la Guerra fría y en los primeros meses de la guerra de Corea.
Aquí puedes leer este relato completo de Ray Bradbury:

LA ÚLTIMA NOCHE DEL MUNDO
¿Qué harías si supieras que esta es la última noche del mundo?

-¿Qué haría? ¿Lo dices en serio?

-Sí, en serio.
-No sé. No lo he pensado.
El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un suave y limpio olor a café tostado.
-Bueno, será mejor que empieces a pensarlo.
-¡No lo dirás en serio!
El hombre asintió.
-¿Una guerra?
El hombre sacudió la cabeza.
-¿No la bomba atómica, o la bomba de hidrógeno?
-No.
-¿Una guerra bacteriológica?
-Nada de eso -dijo el hombre, revolviendo suavemente el café-. Solo, digamos, un libro que se cierra.
-Me parece que no entiendo.
-No. Y yo tampoco, realmente. Solo es un presentimiento. A veces me asusta. A veces no siento ningún miedo, y solo una cierta paz -miró a las niñas y los cabellos amarillos que brillaban a la luz de la lámpara-. No te lo he dicho. Ocurrió por vez primera hace cuatro noches.
-¿Qué?
-Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra. No pensé mucho en ese sueño al día siguiente, pero fui a la oficina y a media tarde sorprendí a Stan Willis mirando por la ventana, y le pregunté: “¿Qué piensas, Stan?”, y él me dijo: “Tuve un sueño anoche”. Antes de que me lo contara yo ya sabía qué sueño era ese. Podía habérselo dicho. Pero dejé que me lo contara.
-¿Era el mismo sueño?
-Idéntico. Le dije a Stan que yo había soñado lo mismo. No pareció sorprenderse. Al contrario, se tranquilizó. Luego nos pusimos a pasear por la oficina, sin darnos cuenta. No concertamos nada. Nos pusimos a caminar, simplemente cada uno por su lado, y en todas partes vimos gentes con los ojos clavados en los escritorios o que se observaban las manos o que miraban la calle. Hablé con algunos. Stan hizo lo mismo.
-¿Y todos habían soñado?
-Todos. El mismo sueño, exactamente.
-¿Crees que será cierto?
-Sí, nunca estuve más seguro.
-¿Y para cuándo terminará? El mundo, quiero decir.
-Para nosotros, en cierto momento de la noche. Y a medida que la noche vaya moviéndose alrededor del mundo, llegará el fin. Tardará veinticuatro horas.
Durante unos instantes no tocaron el café. Luego levantaron lentamente las tazas y bebieron mirándose a los ojos.
-¿Merecemos esto? -preguntó la mujer.
-No se trata de merecerlo o no. Es así, simplemente. Tú misma no has tratado de negarlo. ¿Por qué?
-Creo tener una razón.
-¿La que tenían todos en la oficina?
La mujer asintió.
-No quise decirte nada. Fue anoche. Y hoy las vecinas hablaban de eso entre ellas. Todas soñaron lo mismo. Pensé que era solo una coincidencia -la mujer levantó de la mesa el diario de la tarde-. Los periódicos no dicen nada.
-Todo el mundo lo sabe. No es necesario -el hombre se reclinó en su silla mirándola-. ¿Tienes miedo?
-No. Siempre pensé que tendría mucho miedo, pero no.
-¿Dónde está ese instinto de autoconservación del que tanto se habla?
-No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa.
-No hemos sido tan malos, ¿no es cierto?
-No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables.
En el vestíbulo las niñas se reían.
-Siempre pensé que cuando esto ocurriera la gente se pondría a gritar en las calles.
-Pues no. La gente no grita ante la realidad de las cosas.
-¿Sabes?, te perderé a ti y a las chicas. Nunca me gustó la ciudad ni mi trabajo ni nada, excepto vosotras tres. No me faltará nada más. Salvo, quizás, los cambios de tiempo, y un vaso de agua helada cuando hace calor, y el sueño. ¿Cómo podemos estar aquí, sentados, hablando de este modo?
-No se puede hacer otra cosa.
-Claro, eso es; pues si no estaríamos haciéndolo. Me imagino que hoy, por primera vez en la historia del mundo, todos saben qué van a hacer de noche.
-Me pregunto, sin embargo, qué harán los otros, esta tarde, y durante las próximas horas.
-Ir al teatro, escuchar la radio, mirar la televisión, jugar a las cartas, acostar a los niños, acostarse. Como siempre.
-En cierto modo, podemos estar orgullosos de eso… como siempre.
El hombre permaneció inmóvil durante un rato y al fin se sirvió otro café.
-¿Por qué crees que será esta noche?
-Porque sí.
-¿Por qué no alguna otra noche del siglo pasado, o de hace cinco siglos o diez?
-Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 2069, y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.
-Hay bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano y que nunca llegarán a tierra.
-Eso también lo explica, en parte.
-Bueno -dijo el hombre incorporándose-, ¿qué hacemos ahora? ¿Lavamos los platos?
Lavaron los platos, y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta.
-No sé… -dijo el marido al salir del dormitorio, mirando hacia atrás, con la pipa entre los labios.
-¿Qué?
-¿Cerraremos la puerta del todo, o la dejaremos así, entornada, para que entre un poco de luz?
-¿Lo sabrán también las chicas?
-No, naturalmente que no.
El hombre y la mujer se sentaron y leyeron los periódicos y hablaron y escucharon un poco de música, y luego observaron, juntos, las brasas de la chimenea mientras el reloj daba las diez y media y las once y las once y media. Pensaron en las otras gentes del mundo, que también habían pasado la velada cada uno a su modo.
-Bueno -dijo el hombre al fin.
Besó a su mujer durante un rato.
-Nos hemos llevado bien, después de todo -dijo la mujer.
-¿Tienes ganas de llorar? -le preguntó el hombre.
-Creo que no.
Recorrieron la casa y apagaron las luces y entraron en el dormitorio. Se desvistieron en la fresca oscuridad de la noche y retiraron las colchas.
-Las sábanas son tan limpias y frescas…
-Estoy cansada.
-Todos estamos cansados.
Se metieron en la cama.
-Un momento -dijo la mujer.
El hombre oyó que su mujer se levantaba y entraba en la cocina. Un momento después estaba de vuelta.
-Me había olvidado de cerrar los grifos.
Había ahí algo tan cómico que el hombre tuvo que reírse.
La mujer también se rió. Sí, lo que había hecho era cómico de veras. Al fin dejaron de reírse, y se tendieron inmóviles en el fresco lecho nocturno, tomados de la mano y con las cabezas muy juntas.
-Buenas noches -dijo el hombre después de un rato.
-Buenas noches -dijo la mujer. 



La información para esta entrada sobre Ray Bradbury se ha obtenido, entre otros lugares, de la revista Esquire y de la página oficial de dicho autor:http://www.raybradbury.com/




18 abril 2013

RAY BRADBURY, EL RUIDO DEL TRUENO





RAY BRADBURY


Ray Douglas Bradbury es un escritor estadounidense del género fantástico, de misterio, terror y ciencia ficción. 

Nació en Waukegan, Illinois, en 1920.

Bradbury fue un ávido lector en su juventud, además de un escritor aficionado. 
Estuvo muy influenciado por Edgar Allan Poe, H.G. Wells, Julio Verne y Edgar Rice Burroughs.


No pudo asistir a la universidad por motivos económicos y para ganarse la vida, comenzó a vender periódicos.


Posteriormente se propuso formarse de manera autodidacta a través de los libros, comenzando a realizar sus primeros cuentos. 













Él mismo nos lo cuenta así:

"Las bibliotecas me criaron. Yo no creo en los colegios ni en las universidades. Yo creo en las bibliotecas porque la mayoría de los estudiantes no tienen dinero. Cuando me gradué de la escuela secundaria fue durante la Depresión y no teníamos dinero. Yo no podía ir a la universidad, así que fui a la biblioteca tres días a la semana durante diez años".



Habiendo sido influenciado por héroes de ficción como Flash Gordon o Buck Rogers, Bradbury empezó a publicar en fanzines en 1938.



Sus trabajos iniciales los vendió a revistas, a comienzos del año 1940.

Ha trabajado también como guionista en numerosas películas y series de televisión, entre las que cabe destacar su colaboración con John Huston en la adaptación de  Moby-Dick  de Herman Melville para la película que Huston dirigió en 1956.

OBRAS Y TEMAS

Sus obras más conocidas son Crónicas marcianas y Fahrenheit 451.


Bradbury no sólo es novelista, también ha escrito inumerables guiones de televisión, ensayos y poemas.

Su preocupación como escritor no sólo se centra en cuestionarse el modo de vida actual, también se adentra en el reino de lo fantástico y maravilloso, con un estilo poético y a veces provocativo.



En su niñez, Bradbury fue muy propenso a las pesadillas y horribles fantasías, que acabó por plasmar en sus relatos muchos años después. 

Bradbury toma frecuentemente el racismo como tema central de sus relatos, asÍ como la guerra atómica y, como en Fahrenheit 451, la censura y la tecnología. 


Su preocupación profunda por el futuro de una humanidad dependiente de las máquinas es otro de los temas que se pueden ver frecuentemente en los relatos de Bradbury.


También reflejan algunas de las ansiedades más características de los Estados Unidos en la actualidad, como el deseo de una vida más sencilla y alejada del ajetreo de la modernidad o el miedo a lo ajeno, a lo extranjero. 

Tampoco es extraño encontrar como tema favorito de Bradbury el miedo a la muerte.





EL RUIDO DEL TRUENO


Es un relato corto de ciencia ficción de Ray Bradbury.

Trata el tema de "el efecto mariposa" a través del  tópico de un viaje en el tiempo hacia el pasado.


Una compañía ofrece la posibilidad de hacer un safari para cazar dinosaurios.

Aquí puedes leer este famoso relato de Ray Bradbury, haz click sobre su título:


El ruido del trueno