26 marzo 2015

MIGUEL HERNÁNDEZ, ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ



MIGUEL HERNÁNDEZ
Miguel Hernández Gilabert es un poeta y dramaturgo español que nace en Orihuela el 30 de octubre de 1910.

De familia humilde, tiene que abandonar muy pronto la escuela para ponerse a trabajar como pastor.
Toma parte muy activa en la Guerra Civil española, y al terminar ésta intenta salir del país pero es detenido en la frontera con Portugal y muere en la prisión de Alicante el 28 de marzo de 1942.

Miguel Hernández desarrolla su capacidad para la poesía gracias a ser un gran lector de la poesía clásica española. 
Llega a formar parte de una tertulia literaria en Orihuela, donde conoce a Ramón Sijé y establece con él una gran amistad.

La "Elegía a Ramón Sijé" pertenece al libro de poemas de Miguel Hernández titulado El rayo que no cesa.
Es el poema número 29 y fue introducido en este poemario justo antes de su edición.
El rayo que no cesa había estado concebido como una colección de poemas sobre los amores del autor. 
Miguel Hernández introduce esta elegía tras la repentina muerte de su gran amigo. 
El poema, en el que Miguel Hernández nos transmite su dolor por la muerte de su amigo, está escrito en tercetos encadenados formados por versos endecasílabos de arte mayor con rima consonante.


ELEGIA A RAMÓN SIJÉ

(En Orihuela, su pueblo y el mío, 

se me ha muerto como del rayo 
Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento. 


Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte 
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(1 0 de enero de 1936)

El rayo que no cesa. Miguel Hernández















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