05 marzo 2014

EDGAR ALLAN POE, EL CUERVO

EDGAR ALLAN POE
Edgar Allan Poe es un poeta, narrador y crítico literario estadounidense perteneciente al Romanticismo.

Su famoso poema El cuervo se publicó originalmente en 1845, y que ha pervivido en el tiempo como uno de sus mejores textos.


El poema recrea un ambiente que condensa a la perfección los temas recurrentes en la literatura de Poe: la amada muerta, la noche, la locura, lo siniestro y los ambientes opresivos.

Un cuervo entra en la habitación de un joven que estudia melancólico y solitario en una fría noche de diciembre y posándose sobre un busto de la diosa Palas repite ¡Nunca jamás! a las preguntas que le formula el joven, que espera que el ave aclare sus inquietudes.

Inspirado para su creación, entre otros, por Charles Dickens, este poema ha influido a su vez en cientos de artistas, dando lugar a multitud de obras.
Como ejemplos,  The Raven de Lou Reed, el cómic de James O’Barr, The Crow, o las numerosas adaptaciones cinematográficas  o televisivas de la obra. 
Entre las que podemos citar los trabajos de interpretación de actores como Vincent Price, los recitados de Christopher Lee o Christopher Walken o el corto Vincent hecho por Tim Burton en homenaje a la obra de Poe.
La serie de dibujos animados, Los Simpson tiene un capítulo dedicado a El Cuervo.
También el Realismo mágico de Cortázar y las obras de Borges beben directamente de Poe, así como lo hace Lovecraft en la creación de su singular universo.



EL CUERVO


Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
se oyó de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”




¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.





Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
me llenaba de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”



Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.


Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.


Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!


De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.


Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”


Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”




Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como vertiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”


Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”


Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: “Nunca más.”




En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!


Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”


“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”


“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”




“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”




Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!





THE RAVEN




Gustave Doré realizó una serie de maravillosos grabados para el poema de Poe. 

Si quieres consultar el texto original de The Raven en inglés con todas las ilustraciones en grabados originales de Gustave Doré o escucharlo recitado por Christophen Walken, puedes hacerlo en el siguiente enlace:

The Raven de Edgar Allan Poe ilustrado por Gustave Doré




O también puedes escuchar El cuervo en este vídeo recitado por el actor Sir Christopher Lee:












02 marzo 2014

CLARICE LISPECTOR, RESTOS DE CARNAVAL

CLARICE LISPECTOR
Clarice Lispector es una famosa escritora brasileña aunque nacida en una aldea de Ucrania. 
Está considerada una de las escritoras más importantes del siglo XX.

Cuando Clarice era un bebé su familia huyendo de los progroms rusos se trasladó desde Ucrania a Recife en Brasil.
Más tarde estudió Derecho en Río de Janeiro y ella misma se declaraba brasileña.

Residió en Milán, Londres, París y Berna por la profesión de diplomático de su marido.
De vuelta en Brasil colaboró como periodista y escritora en las revistas Senhor y Comicio y en el Diário da  Noite y en el Correio da Manhâ.

Se trasladó con su marido durante ocho años a Washington DC, posteriormente se separó de él, regresó a Brasil y continuó escribiendo.

Judía de origen, su obra está empapada en la tradición hebraica por influjo familiar.
Fue una precursora que utilizó el flujo de conciencia en sus primeros escritos mucho antes de haber leído a Virginia Wolf y a James Joyce.

RESTOS DE CARNAVAL
No, no del último carnaval. Pero éste, no sé por qué, me transportó a mi infancia y a los miércoles de ceniza en las calles muertas donde revoloteaban despojos de serpentinas y confeti. Una que otra beata, con la cabeza cubierta por un velo, iba a la iglesia, atravesando la calle tan extremadamente vacía que sigue al carnaval. Hasta que llegase el próximo año. Y cuando se acercaba la fiesta, ¿cómo explicar la agitación íntima que me invadía? Como si al fin el mundo, de retoño que era, se abriese en gran rosa escarlata. Como si las calles y las plazas de Recife explicasen al fin para qué las habían construido. Como si voces humanas cantasen finalmente la capacidad de placer que se mantenía secreta en mí. El carnaval era mío, mío.



En la realidad, sin embargo, yo poco participaba. Nunca había ido a un baile infantil, nunca me habían disfrazado. En compensación me dejaban quedar hasta las once de la noche en la puerta, al pie de la escalera del departamento de dos pisos, donde vivíamos, mirando ávidamente cómo se divertían los demás. Dos cosas preciosas conseguía yo entonces, y las economizaba con avaricia para que me durasen los tres días: un atomizador de perfume, y una bolsa de confeti. Ah, se está poniendo difícil escribir. Porque siento cómo se me va a ensombrecer el corazón al constatar que, aun incorporándome tan poco a la alegría, tan sedienta estaba yo que en un abrir y cerrar de ojos me transformaba en una niña feliz.

¿Y las máscaras? Tenía miedo, pero era un miedo vital y necesario porque coincidía con la sospecha más profunda de que también el rostro humano era una especie de máscara. Si un enmascarado hablaba conmigo en la puerta al pie de la escalera, de pronto yo entraba en contacto indispensable con mi mundo interior, que no estaba hecho sólo de duendes y príncipes encantados, sino de personas con su propio misterio. Hasta el susto que me daban los enmascarados era, pues, esencial para mí.

No me disfrazaban: en medio de las preocupaciones por la enfermedad de mi madre, a nadie en la casa se le pasaba por la cabeza el carnaval de la pequeña. Pero yo le pedía a una de mis hermanas que me rizara esos cabellos lacios que tanto disgusto me causaban, y al menos durante tres días al año podía jactarme de tener cabellos rizados. En esos tres días, además, mi hermana complacía mi intenso sueño de ser muchacha -yo apenas podía con las ganas de salir de una infancia vulnerable- y me pintaba la boca con pintalabios muy fuerte pasándome el colorete también por las mejillas. Entonces me sentía bonita y femenina, escapaba de la niñez.

Pero hubo un carnaval diferente a los otros. Tan milagroso que yo no lograba creer que me fuese dado tanto; yo, que ya había aprendido a pedir poco. Ocurrió que la madre de una amiga mía había resuelto disfrazar a la hija, y en el figurín el nombre del disfraz era Rosa. Por lo tanto, había comprado hojas y hojas de papel crepé de color rosa, con las cuales, supongo, pretendía imitar los pétalos de una flor. Boquiabierta, yo veía cómo el disfraz iba cobrando forma y creándose poco a poco. Aunque el papel crepé no se pareciese ni de lejos a los pétalos, yo pensaba seriamente que era uno de los disfraces más bonitos que había visto jamás.

Fue entonces cuando, por simple casualidad, sucedió lo inesperado: sobró papel crepé, y mucho. Y la mamá de mi amiga -respondiendo tal vez a mi muda llamada, a mi muda envidia desesperada, o por pura bondad, ya que sobraba papel- decidió hacer para mí también un disfraz de rosa con el material sobrante. Aquel carnaval, pues, yo iba a conseguir por primera vez en la vida lo que siempre había querido: iba a ser otra aunque no yo misma.

Ya los preparativos me atontaban de felicidad. Nunca me había sentido tan ocupada: minuciosamente calculábamos todo con mi amiga, debajo del disfraz nos pondríamos un fondo de manera que, si llovía y el disfraz llegaba a derretirse, por lo menos quedaríamos vestidas hasta cierto punto. (Ante la sola idea de que una lluvia repentina nos dejase, con nuestros pudores femeninos de ocho años, con el fondo en plena calle, nos moríamos de vergüenza; pero no: ¡Dios iba a ayudarnos! ¡No llovería!) En cuanto a que mi disfraz sólo existiera gracias a las sobras de otro, tragué con algún dolor mi orgullo, que siempre había sido feroz, y acepté humildemente lo que el destino me daba de limosna.

¿Pero por qué justamente aquel carnaval, el único de disfraz, tuvo que ser melancólico? El domingo me pusieron los tubos en el pelo por la mañana temprano para que en la tarde los rizos estuvieran firmes. Pero tal era la ansiedad que los minutos no pasaban. ¡Al fin, al fin! Dieron las tres de la tarde: con cuidado, para no rasgar el papel, me vestí de rosa.

Muchas cosas peores que me pasaron ya las he perdonado. Ésta, sin embargo, no puedo entenderla ni siquiera hoy: ¿es irracional el juego de dados de un destino? Es despiadado. Cuando ya estaba vestida de papel crepé todo armado, todavía con los tubos puestos y sin pintalabios ni colorete, de pronto la salud de mi madre empeoró mucho, en casa se produjo un alboroto repentino y me mandaron en seguida a comprar una medicina a la farmacia. Yo fui corriendo vestida de rosa -pero el rostro no llevaba aún la máscara de muchacha que debía cubrir la expuesta vida infantil-, fui corriendo, corriendo, perpleja, atónita, ente serpentinas, confeti y gritos de carnaval. La alegría de los otros me sorprendía.

Cuando horas después en casa se calmó la atmósfera, mi hermana me pintó y me peinó. Pero algo había muerto en mí. Y, como en las historias que había leído, donde las hadas encantaban y desencantaban a las personas, a mí me habían desencantado: ya no era una rosa, había vuelto a ser una simple niña. Bajé la calle; de pie allí no era ya una flor sino un pensativo payaso de labios encarnados. A veces, en mi hambre de sentir el éxtasis, empezaba a ponerme alegre, pero con remordimiento me acordaba del grave estado de mi madre y volvía a morirme.

Sólo horas después llegó la salvación. Y si me apresuré a aferrarme a ella fue por lo mucho que necesitaba salvarme. Un chico de doce años, que para mí ya era un muchacho, ese chico muy guapo se paró frente a mí y con una mezcla de cariño, grosería, broma y sensualidad me cubrió el pelo, ya lacio, de confeti: por un instante permanecimos enfrentados, sonriendo, sin hablar. Y entonces yo, mujercita de ocho años, consideré durante el resto de la noche que al fin alguien me había reconocido; era, sí, una rosa.






07 febrero 2014

EDGAR LEE MASTERS, ANTOLOGÍA DE SPOON RIVER



EDGAR LEE MASTERS
Edgar Lee Masters fue un abogado, periodista, poeta y dramaturgo norteamericano.
Nacido en Garnett, Kansas en 1868, es autor de casi sesenta libros, entre los que hay poemarios, dramas, novelas y biografías de Vachel Lindsay, Abraham Lincoln, Mark Twain o Walt Whitman.


Sus primeros libros, algunos de ellos publicados bajo pseudónimo, muestran grandes influencias de los poetas románticos ingleses y de Edgar Allan Poe.



En 1898, publicó su primer libro de poesía titulado Un libro de versos y se casó con Helen M. Jenkins.


Lee Masters es conocido por su famosa Antología de Spoon River. En ella, en poemas en forma de monólogo, hablan los muertos de un cementerio de Illinois.

En 1917, Masters abandonó a su familia y viajó por Europa y visitó Egipto.

Edgar Lee Masters en el Shepards en Egipto el 19 de marzo de 1921


Años más tarde se divorció, abandonó la profesión de abogado para dedicarse a la escritura.
En 1926 se volvió a casar con una profesora llamada Ellen Coyne, treinta años más joven que él.
Dejó Chicago y se trasladó a Nueva York.


Nunca consiguió superar con ninguna de sus obras el éxito de su Antología de Spoon River y, desilusionado, Edgar Lee Masters pasó sus últimos años retirado en el hotel Chelsea de Nueva York dedicado a escribir y viviendo de las ayudas que le daban sus amigos. 


En cuanto al estilo, pertenece al grupo llamado Renacimiento de Chicago, en el que destacaron autores como Vachel Lindsay, Sherwood Anderson, Theodore Dreiser o Carl Sandburg.



En los últimos años de su vida, ya con muy mala salud, recibió varios premios por su  temprana obra poética sobre Spoon River.
Fallece en una casa de reposo de Pensilvania en 1950.
No dejó más que sus papeles y los derechos de la Antología de Spoon River.




ANTOLOGÍA DE SPOON RIVER

A Edgar Lee Masters la fama le llega por un único libro: Spoon River Anthology publicado en 1915.
Está formado por doscientos cuarenta y cuatro poemas que, salvo el primero, "La colina", que actúa como  presentación, corresponden cada uno a un personaje, enterrado en el cementerio del pueblo de Spoon River, imaginado por el autor.

Los poemas son auténticos monólogos teatrales vistos uno por uno y, al mismo tiempo, como un mosaico, componen una novela de la Norteamérica rural de la segunda mitad del siglo XIX, además la obra es un profundo ensayo sobre la decadencia de la sociedad contemporánea.

Es uno de los libros más vendidos de la poesía norteamericana ya que Lee Masters vendió diecinueve ediciones ese mismo año y en 1940 la obra contaba con setenta ediciones.






ANTOLOGíA DE SPOON RIVER
EDGAR LEE MASTERS, 


EDICIÓN BILINGÜE
Traducción, prólogo y notas de Jaime Priede
Editorial: BARTLEBY EDITORES, S.L.
Año edición: 2012
Plaza de edición: Madrid
14.0x21.0 cm.
Número de páginas: 376 págs.
Lengua: Español / Inglés
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788492799510



03 febrero 2014

SAFO DE LESBOS, POEMA DE LOS DOS HERMANOS

En los días de Safo por Godward

SAFO DE LESBOS
Safo de Lesbos, la actual Mitilene, está considerada una de las poetisas más importantes de la Antigua Grecia, pero pese a su fama, sólo ha sobrevivido uno de sus poemas completos y partes de otros cuatro.


No existen muchos datos biográficos sobre ella, y sólo se conocen algunos poemas y fragmentos extraídos de citas tardías por tradición indirecta y de papiros. 
La isla de Lesbos cuya capital es Mitilene

De hecho, prácticamente todo lo que sabemos de su vida lo deducimos de sus poemas. 

Safo pasó toda su vida en Lesbos, isla griega cercana a la costa de Asia Menor, con la excepción de un corto exilio en Siracusa la actual Sicilia en el año 593 a. C., motivado por las luchas aristocráticas en las que probablemente se encontraba comprometida su familia perteneciente a la oligarquía local.








Safo por Amanda Brewster Sewell,1896

Perteneció a una sociedad llamada Thiasos en donde se preparaba a las jóvenes para el matrimonio. 

Más adelante, forma la llamada Casa de las servidoras de las Musas. 
Allí sus discípulas aprendían a recitar poesía, a cantarla, a confeccionar coronas y colgantes de flores entre otras actividades. 

A partir de sus poemas se suele deducir que Safo se enamoraba de sus discípulas y mantenía relaciones con muchas de ellas. 
Todo esto ha convertido a la poetisa Safo en un símbolo del amor entre mujeres.















Safo y Alceo, Safo y sus compañeras escuchando a Alceo de Mitilene tocando la cítara 
en la isla de Lesbos por Alma Tadema, 1881

Hay una leyenda, surgida a partir de algún fragmento de la propia poetisa, que narra la historia de Faón, un hombre bello del que se enamoró la propia diosa Afrodita. 


Según el mito, Safo se suicidó desde la roca de Léucade, lanzándose al mar, cuando su amor por Faón no se vio correspondido.

Esta roca de la isla de Léucade era, al parecer, desde donde se lanzaban con frecuencia los enamorados para suicidarse. 

Muerte de Safo por Gustave Moreau

Otra versión afirma que Safo escribió este texto como metáfora de una decepción amorosa que tuvo con una de sus amadas. 

Su poesía sirvió de fuente de inspiración a poetas, como los latinos Catulo y Horacio.

Los temas más característicos de su obra son la naturaleza serena, la belleza de la mujer, el erotismo, las fiestas nupciales tratados con una gran sensibilidad y dulzura. 

El filósofo Platón decía que Safo debería ser honrada no solo como una gran poetisa lírica sino también como La décima Musa por su resonancia e importancia dentro del mundo de la poesía.



Safo inspirada por el Amor por Angelica Kauffmann




DESCUBIERTOS DOS POEMAS DE SAFO
La Universidad de Oxford se hace con dos poemas del siglo VII desconocidos, hasta ahora, de la poetisa griega Safo de Lesbos. 


Uno de ellos es una obra completa El poema de los hermanos que habla sobre sus dos hermanos Charaxos y Larichos y el otro, fragmentado, una Plegaria a Afrodita, cuenta un amor no correspondido.

Los poemas, conservados en papiros del siglo III, fueron descubiertos cuando un coleccionista privado de Londres se los entregó a Dirk Obbink, un experto en papiros y literatura griega en la Universidad de Oxford.

Dirk Obbinick  papirólogo en la Universidad de Oxford

Cuando parecía que no podría encontrarse nada nuevo sobre la misteriosa poetisa griega del siglo VII a. C, una serie de expertos han analizado dos nuevas obras hasta ahora desconocidas que arrojan luz sobre la técnica y el estilo literario de la poetisa Safo de Lesbos. 

Tal fue la sorpresa del papirólogo norteamericano y experto en estudios clásicos de Oxford, el doctor Dirk Obbink, cuando un coleccionista le entregó un fragmento de papiro con textos en griego para analizarlos.

A pesar de las pocas obras que se conocen de Safo de Lesbos, este gran descubrimiento ha resultado ser uno de los mejores conservados de los que hasta ahora conocemos, además de estar completo, salvo unas pocas palabras omitidas de fácil interpretación. 

Un hallazgo genuino, que ayuda a completar la desdibujada línea histórica y literaria de la poetisa de Lesbos, dando esperanza a los investigadores de encontrar nuevas obras en el futuro.

Papiro con textos de Safo

El doctor Albert Henrich, profesor en Harvard y compañero de Obbink, ha participado en el análisis del papiro que se publicará en una revista especializada y que cuenta con una versión online. “Lo nuevo de Safo te deja sin respiración”, ha comentado el profesor, admirado, “Es el papiro de Safo mejor conservado hasta la fecha [...] Su contenido es del mismo modo excitante”.

Lo más interesante del Poema de los hermanos son las alusiones que hace la poetisa a Charaxos y Larichos, según las fuentes griegas, hermanos de la poetisa, aunque como afirma Henrich este es un debate aún abierto. 

Según Herodoto, Charaxos era un comerciante y explorador que viajó a Egipto, donde compró la libertad de una esclava de la que se enamoró. 
Según relata, Safo se burló de su hermano a su regreso y tachó de pantomima de enamorados el acto de su hermano. 

Aunque en el poema no hay ninguna burla, la voz narradora, posiblemente la de Safo, alude al viaje de su hermano en un diálogo y sugiere recurrir a Hera para que reúna las fuerzas de los dioses en favor del éxito de la empresa de Charaxos. En las líneas finales del poema, Safo menciona al que podría ser su hermano pequeño, Larichos. 

A continuación del Poema de los dos hermanos, un segundo texto separado por una línea horizontal en el papiro se presenta como una Plegaria a Afrodita, tema recurrente en las escasas producciones de Safo con las que contamos. 
El poema, en forma de petición, recurre a la diosa del amor para solicitar ayuda en la búsqueda de un amante. 

Ambos poemas siguen una métrica semejante, muy propia del estilo de Safo, la estancia sáfica, que conserva su nombre en la actualidad. 

Están escritos en dialecto eólico, que se hablaba en las colonias griegas de Asia Menor y en la isla de Lesbos, a diferencia del Ático que se extendió en la península y terminó por convertirse en el sistema lingüístico estándar. 

Sin embargo, otro aspecto genuino del texto es que contiene anotaciones para orientar a los lectores no familiarizados con el dialecto de cómo deben pronunciarse las palabras. 

Obbink ha fechado el papiro en torno a los siglos II y III d. C, casi un milenio después del primer texto de la poetisa y es uno de los pocos ejemplos de literatura en eólico, ya que la estandarización del lenguaje hizo que muchos de estos dialectos cayeran en desuso. 

Es posible que el papiro provenga de Egipto, en concreto de la ciudad de Oxirrinco, donde se han encontrado cientos de pergaminos de papiro con escritos en eólico y demás variantes dialectales.










Capiteles corintios en las ruinas de Oxirrinco en Egipto

Sin duda, el descubrimiento resulta ser un acontecimiento de gran importancia para los historiadores y filólogos, que esperan próximos descubrimientos que permitan estudiar al personaje literario y su obra. 

No debemos subestimar el valor de las fuentes literarias antiguas, ni presuponer que todo está ya descubierto, y noticias de este tipo continúan recordándonoslo. 

No sólo los elementos del poema, sino también la métrica y el dialecto en el que los poemas están escritos, los vinculan con Safo. 
Sin embargo, el factor decisivo es una referencia a su hermano, Charaxos cuya existencia ha sido puesta en duda. 

A continuación puedes leer el Poema de los dos hermanos de Safo de Lesbos en una versión inglesa y en otra española:

POEM OF THE TWO BROTHERS

[ … ]

But you always chatter that Charaxus is coming,
His ship laden with cargo. That much, I reckon, only Zeus
Knows, and all the gods; but you, you should not
Think these thoughts,

Just send me along, and command me
To offer many prayers to Queen Hera
That Charaxus should arrive here, with
His ship intact,

And find us safe. For the rest,
Let us turn it all over to higher powers;
For periods of calm quickly follow after
Great squalls.

They whose fortune the king of Olympus wishes
Now to turn from trouble
to [ … ] are blessed
and lucky beyond compare.

As for us, if Larichus should [ … ] his head
And at some point become a man,
Then from full many a despair 
Would we be swiftly freed.
POEMA DE LOS DOS HERMANOS

[ … ]

Pero tú siempre charlas de que Charaxos viene, 
Su nave repleta con carga. Hasta ahí, creo, sólo Zeus 
sabe, y todos los dioses; pero tú, tú no debes 
tener esos pensamientos, 

Sólo tienes que enviarme a lo largo, y mandarme 
a ofrecer muchas oraciones a la Reina Hera 
para que Charaxos pueda llegar aquí, con 
su barco intacto, 

Y nos encuentre a salvo. Para el resto, 
volvámonos todos a los poderes superiores; 
Porque los períodos de calma siguen rápidamente después 
de las grandes borrascas. 

Aquellos cuya fortuna desea el Rey del Olimpo, 
al instante, pasan de los problemas 
a [...] y son bendecidos 
y afortunados más allá de comparación. 

En cuanto a nosotros, si Larichos debería [...] la cabeza 
Y en algún momento llegar a ser un hombre, 
Luego de más de una completa desesperación 
estaríamos rápidamente liberados. 


Información tomada de The Guardian y de Manuel Álvarez Esteban para RedHistoria

12 enero 2014

PRINCIPALES AUTORES DEL REALISMO RUSO






PRINCIPALES AUTORES DEL REALISMO RUSO:

NIKOLAI VASILIEVICH  GOGOL  
(1809-1852)


La obra de Nikolai Gogol, considerado por muchos críticos como el padre del realismo ruso, sirvió para sentar las bases de lo que sería el Siglo de Oro de las letras rusas.

Dostoyevski, Turgueniev, Tolstoi y Chejov en el siglo XIX, así como Zamiatin, Bulgakov y Nabokov en el siglo XX, reconocieron su deuda con este autor. 


Nikolai Vasilievich Gogol nació en la actual Ucrania, y murió en Moscú. 

Se trasladó a San Petersburgo en 1828, y luego de sobrellevar algunos contratiempos, ingresó en los círculos literarios de esa ciudad en 1831. 

Su humor, el tratamiento de los temas, el empleo de la lengua y de los recursos estilísticos dejaron huellas profundas e hicieron escuela. 

Sus personajes y sus héroes y antihéroes están presentes en la vida cotidiana de los rusos.

Entre sus obras destaca la novela histórica Taras Bulba y Almas muertas, esta novela es una obra maestra que el mismo Gogol describe como un poema épico en prosa.



LEÓN NIKOLAIEVICH TOLSTOI  
(1828-1910)

Nació en Yasnaia Poliana. Se quedó huérfano. Se crió en un ambiente religioso y culto con unos familiares.
Empezó a estudiar pero lo abandonó por lo que se dedicó a leer la Biblia y las obras de Pushkin y Rousseau. 
En 1851 se incorpora al ejército ruso donde se pone en contacto con los cosacos, que fueron los protagonistas de una de sus novelas cortas, Los cosacos (1863). 
Entre 1855 y 1856 escribió Sebastopol donde contó tres historias basadas en la guerra de Crimea.
Después de casarse tuvo una extensa familia y escribió sus dos novelas más importantes: Guerra y paz y Anna Karenina

La obra más conocida es Anna Karenina. En esta obra no es solo una simple historia sentimental si no que Tolstoi critica la hipocresía que dominaba en la época. 
Esta obra nos muestra la dificultad de ser honesto cuando el resto de la sociedad se ha instalado en la hipocresía. 
Por tanto, Tolstoi es un autor racionalista, objetivo y materialista y con una moral optimista. 
De hecho él mismo intentó renunciar a todas sus propiedades para repartirlas entre los campesinos pero no fue posible debido a la oposición de su familia. 



FIODOR MIJALOVICH DOSTOYEVSKI
(1821-1881) 

Nació en Moscú. Entró en un grupo de intelectuales socialistas.
Fue detenido, encarcelado y condenado a muerte. Se le conmutó la condena y tuvo que realizar trabajos forzados y en condiciones miserables.
Una vez pasado este periodo pudo volver con su mujer. Muere en 1881. 

Algunas obras de Dostoyevski son: 
El jugador, una novela corta en la que el autor refleja su propia adicción al juego.
La obra más importante es Crimen y castigo
El autor demuestra que la violencia es intrínsecamente inhumana y que cualquier crimen, independiente de sus motivos es una violación de las normas éticas y humanas.
Con esta idea juzga el movimiento revolucionario de su tiempo.
También en la novela Los hermanos Karamazov aparece el debate del bien y del mal, el concepto de libertad y de moral, y la salvación del pecado mediante el sufrimiento.


ANTON CHEJOV 
(1860-1904)

Dramaturgo y autor de relatos ruso, es una de las figuras más destacadas de la literatura rusa. 
La crítica moderna considera a Chejov uno de los maestros del relato. En gran medida, a él se debe el relato moderno en el que el efecto depende más del estado de ánimo y del simbolismo que del argumento. 
Sus narraciones, más que tener un clímax y una resolución, son una disposición temática de impresiones e ideas.
Utilizando temas de la vida cotidiana, Chejov retrató el sentimiento de la vida rusa anterior a la revolución de 1905.
Nos describe las vidas inútiles, tediosas y solitarias de personas incapaces de comunicarse entre ellas y sin posibilidad de cambiar una sociedad que sabían que era inherentemente errónea. 
Algunos de los mejores relatos de Chejov se incluyen en el libro publicado póstumamente Los veraneantes y otros cuentos (1910). 

Dentro del teatro ruso, a Chejov se le considera como un representante fundamental del Naturalismo moderno. 

Sus obras dramáticas, lo mismo que sus relatos, son estudios del fracaso espiritual de unos personajes en una sociedad feudal que se desintegraba. 

Para presentar estos temas, Chejov desarrolló una nueva técnica dramática, que él llamó de "acción indirecta". 
Para ello diseccionaba los detalles de la caracterización e interacción entre los personajes más que el argumento o la acción directa. 
En una obra de teatro de Chéjov muchos acontecimientos dramáticos importantes tienen lugar fuera de la escena y lo que se deja sin decir muchas veces es más importante que las ideas y sentimientos expresados.
Entre sus grandes obras teatrales está La gaviota con reminiscencias del Hamlet de Shakespeare.