30 octubre 2011

WILLIAM SHAKESPEARE, OTELO, EL MORO DE VENECIA



WILLIAM SHAKESPEARE 






OTELO, EL MORO DE VENECIA

Escrita hacia 1604 y probablemente representada el mismo año, esta tragedia en cinco actos, en verso y en prosa, de William Shakespeare se publicó en cuarto en 1622, en folio en 1623 y nuevamente en cuarto en 1630 y en 1655. 


El texto de la primera edición en cuarto presenta notables diferencias con la de 1623, hasta el extremo de que quedó justificada la hipótesis de que los editores utilizaron manuscritos distintos; por ello el texto se establece teniendo en cuenta ambas ediciones.


La fuente de esta obra es la séptima novela de la tercera década de los Hecatómitos de Giovanni Battista Giraldi Cintio, es la titulada Un capitán moro, la número 37 de las cien novelas que contiene esa recopilación.
Hay una diferencia en el texto de Giraldi, el capitán moro y el alférez carecen de nombre.



No se sabe con certeza si Shakespeare se valió del original italiano o bien de la traducción francesa de Gabriel Chappuys, publicada en París en 1584.






El palacio de Whitehall, donde Shakespeare estrenó Otelo, pintado por Hendrik Danckerts 




A partir de aquel argumento, Shakespeare concibió una de sus mejores tragedias, Othello. The Moor of Venis,  para su compañía de teatro, “Los hombres del Rey”, que fue estrenada el 1 de noviembre de 1604 en la sala de banquetes del palacio de Whitehall, en presencia del rey Jacobo I de Inglaterra.
Retrato de Jacobo I, anónimo (c. 1604)




ARGUMENTO DE OTELO



La acción se desarrolla primero en Venecia, la célebre ciudad del norte de Italia, y después en la isla de Chipre, en el Mediterráneo oriental.

El moro Otelo, general al servicio de Venecia, ha conquistado el amor de Desdémona, hija del senador veneciano Brabancio, relatándole sus gestas y los peligros que ha corrido.

























Otelo relatando sus aventuras a Desdémona 
por Robert Alexander Hillingford, 1869


Al inicio de la obra, Desdémona se acaba de fugar de casa de su padre, Brabancio, y Otelo se ha casado con ella. 

Por esto Brabancio acusa a Otelo ante el Dux de haber hechizado y raptado a su hija. 


Pero Otelo explica públicamente de qué manera conquistó lealmente el corazón de Desdémona, y ésta confirma su relato.


Mientras tanto llega la noticia de que es inminente un ataque de los turcos contra Chipre, y se pide la colaboración de Otelo para rechazarlos. 
Brabancio, de mala gana, cede su hija al moro al ver que Desdémona declara públicamente su amor por Otelo. 


Desdémona pide al Dux viajar junto a su marido. Se decide que así sea, pero Otelo sale de viaje de inmediato en su propio barco, dejando a su esposa al cuidado de Yago hasta que se produzca el encuentro en Chipre.

Yago aconseja al ingenuo Rodrigo que si quiere acabar disfrutando de Desdémona, se disfrace y le acompañe con todos a Chipre. Le conmina a llevar dinero y a vender sus tierras. 

Luego planea acusar a Casio ante Otelo de engañarlo con Desdémona


























Ya en Chipre, una tremenda tempestad hace naufragar a la flota turca, lo que termina con la confrontación. 
Van llegando a puerto los barcos de la expedición: el de Casio, el de Yago con su esposa Emilia y Desdémona; y por fin el de Otelo, que se reúne con su esposa.

El alférez Yago, que ha sido sustituido en el cargo de lugarteniente por Casio, siente un odio profundo hacia Otelo.
.
Yago esperaba ser ascendido por Otelo y además ha oído rumores de que el moro ha yacido con Emilia, su esposa y camarera de Desdémona.



En un primer momento, Yago logra desacreditar a Casio ante Otelo, haciendo que Casio se emborrache y turbe la paz pública. 
En ello le ayuda Rodrigo que, sin ser correspondido, ama a Desdémona. 


Casio, privado de su grado, es inducido por Yago para que ruegue a Desdémona que interceda en favor suyo ante Otelo.


Simultáneamente Yago hace nacer en el ánimo de Otelo la sospecha de que su esposa le engaña con el desgraciado lugarteniente...






















Otelo y Desdémona pintados por Antonio Muñoz Degraín



El alma de Otelo es noble, violenta, solitaria y apasionada pero caerá irremediablemente en la telaraña que Yago irá tejiendo a su alrededor y que culminará con la escena del pañuelo, cuando el malvado oficial siembre la duda en el corazón del moro y logre convencerlo de que su mujer lo engaña con Casio.




















A partir de ese momento, Otelo se hundirá en una espiral irreflexiva e incontrolable que sólo terminará cuando estrangule a Desdémona y sea consciente de que ha sido utilizado por el malvado  y traidor Yago.



Otelo y Desdémona por Alexandre-Marie Colin. 1829



TIERRA SANTA INTERPRETA OTELO CON IMÁGENES DE LA PELÍCULA DE  OLIVER PARKER:








SI QUIERES LEER OTELO DE WILLIAM SHAKESPEARE, AQUÍ PUEDES HACERLO:










EL SÍNDROME DE OTELO
  



























El llamado “Síndrome de Otelo” es un buen ejemplo de la paranoia conyugal que, por desgracia, cuatrocientos años después de que Shakespeare escribiera este drama todavía se “representa” en demasiados hogares por culpa de la violencia de género. 


Un problema que, aunque siempre ha estado presente en nuestra sociedad, en los últimos años, ha alcanzado una indudable trascendencia jurídica, social y mediática.

Hasta 1871 no se dictó la primera sentencia que reconocía a una mujer derechos civiles y políticos iguales que su cónyuge.

Sólo en enero de 2006, en tan sólo un mes, murió una mujer en España cada tres días a manos se su propio “Otelo”.

Y en el año  2010 en España hubo 71 mujeres muertas víctimas de la violencia de género

Con esos datos, resulta más sencillo comprender la plena vigencia de esta obra cuatro siglos después de su primera representación.



OTELO EN LA ÓPERA


Dos siglos más tarde, dos músicos italianos volverían a dar vida a aquellos personajes en sendas óperas del mismo título: “Otello”, una de Gioacchino Rossini, estrenada en 1816, y otra de Giuseppe Verdi, de 1889. 






LORD BYRON, OTELO Y LA ÓPERA



EL Palazzo Mocenigo, Venecia, residencia de Lord Byron. 


Lord Byron, que por aquel entonces estaba de viaje por Italia, se preguntó: “¿Poner música al Othello de nuestro Shakespeare? ¿Cómo puede haber alguien capaz de semejante insensatez?”.


OTELO EN EL CINE

El cine, como no podría ser de otro modo, también ha realizado diversas versiones de este clásico entre las que destaca la versión de Orson Welles, de 1952.

También es muy interesante la de Kenneth Branagh, de 1995.











LOS CELOS COMO TEMA LITERARIO

Si el tema de los celos ha despertado su curiosidad por el lado oscuro del amor, también puedes encontrarlo reflejado en estas otras obras: El príncipe destronado de Miguel Delibes, El celoso extremeño de Miguel de  Cervantes o Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós.

EL PALACIO DE DESDÉMONA EN VENECIA

Está generalmente admitido que la infortunada Desdémona, esposa del celoso moro, pertenecía a la familia Contarini, y que habitaba el pequeño pero elegante palazzo Contarini Fasan, construido en 1475 en el estilo gótico flamboyante y situado en la orillas del Gran canal, frente a la Salute.

Palazzo Contarini Fasan en el Gran Canal, Venecia por Samuel Prout





Bibliografía: LOS MITOS DE "OTELO" Carlos Pérez Vaquero


17 octubre 2011

SINUHÉ




CUENTO ANÓNIMO EGIPCIO
Amenemhat I




SINUHÉ

En el palacio real reinaba el silencio. Su faraón Amenemhat I había muerto, y toda la corte mostraba su respeto en señal de duelo. Aunque también se sentía una gran preocupación en el ambiente… ¿quién sucedería al rey?

El mayor de sus hijos, el que debía sucederlo, se encontraba lejos de palacio al frente del ejército, protegiendo el país. Rápidamente partieron mensajeros en su busca para informarle, y así, el heredero, Sesostris I, decidió regresar apresuradamente.

Por su parte, los demás hijos del rey Amenemhat I también querían sucederle al enterarse de su muerte.

Sinuhé, hombre de confianza del faraón, observó que un hombre informaba a uno de los príncipes. 
Amenemhat había sido víctima de un complot, siendo asesinado por unos cortesanos que bajo las órdenes de este príncipe burlaron la guardia.

Estatua sedente de Sesostris I

Sinuhé temía por su vida, creyendo que al no haberse enterado de esas malas intenciones y no poder informar al futuro sucesor, Sesostris I, como era su deber, sería castigado a pesar de su inocencia. 

Pensó entonces en marcharse de Egipto.
Y así lo hizo. Sinuhé esperó el momento apropiado y tras esconderse evitando a los oficiales y cortesanos, se dirigió hacia el Delta del Nilo. Por la noche, tras esquivar la vigilancia de los centinelas, cruzó la frontera saliendo de Egipto.

Pero no contaba con una gran dificultad en su camino: el desierto. Caminando bajo el sol, muerto de sed, sintió cómo iba perdiendo sus fuerzas hasta caer sobre la arena. 


Y pasaron las horas, o incluso días, hasta que de pronto despertó al escuchar el sonido de un rebaño y unas voces a su alrededor. Abrió los ojos y se encontró con un grupo de nómadas inclinados sobre él que lo observaban. Un hombre del grupo reconoció a Sinuhé, a quien había conocido en Egipto, y ordenó que le dieran de comer y de beber, invitándole a unirse a la caravana. De manera que accedió y les acompañó por el desierto ganándose el cariño de todos rápidamente.

El príncipe beduino Amunenshi había oído hablar de Sinuhé y requirió su presencia para proponerle que se quedara bajo su amparo, como ya habían hechos muchos otros egipcios.

-¿Por qué te fuiste de Egipto? ¿Ha ocurrido algo grave en tu tierra? -preguntó el príncipe Amunenshi.

Sinuhé le contó sobre la muerte del faraón y su temor a caer en desgracia. Y para no parecer un traidor, dado que se encontraban numerosos egipcios acogidos en la corte de Amunenshi, contestó:

-El primogénito del rey regresó a palacio y sin duda gobierna Egipto. Yo sólo he temido por mi vida, y por eso me he marchado.

Amunenshi quedó satisfecho con sus respuestas, y a partir de entonces Sinuhé se quedó en su Corte, pronto tuvo el cariño de todos. Se casó con la hija mayor del príncipe, y recibió como regalo las tierras más fértiles del oasis.

Sinuhé se convirtió en uno de los hombres más ricos y poderosos, llegando a ser jefe de una tribu. Incluso fue nombrado general de los ejércitos, ganando grandes batallas. Y de este modo, su fama se fue extendiendo.

Pero también existían hombres envidiosos. Y así fue que uno de los mejores guerreros de Retenu que sentía celos de Sinuhé se atrevió a desafiarle en combate.

Durante toda la noche, Sinuhé estuvo preparando sus armas. Todo el pueblo se había congregado nervioso para presenciar la lucha, pero la gran mayoría estaba a favor de Sinuhé.

El guerrero sirio era muy fuerte y valiente, y manejaba las armas con mucha habilidad. Sinuhé no era tan fuerte como él, pero era astuto y ágil. ¿Quién vencería el combate?.
Guerrero egipcio por Iceravenblack


El egipcio consiguió fácilmente esquivar las armas que el guerrero sirio arrojaba contra él, quedándose al poco tiempo sin armas con las que luchar, salvo con sus propias manos. El sirio se puso tan nervioso que se lanzó furioso contra Sinuhé, pero éste arrojó una flecha contra él venciéndolo.

El príncipe Amunenshi, y todo el pueblo, saltaban de alegría por la victoria de Sinuhé.

Sin embargo, Sinuhé no era del todo feliz. Pensaba a menudo en su tierra, Egipto, y cada vez se sentía más apenado. Su mayor deseo era regresar a Egipto para cuando muriera poder ser enterrado en su tierra. 


Papiro Ani


Esto era muy importante para un egipcio: ¿cómo alcanzaría  su alma el reino de Osiris?

Y esta era su constante preocupación. Mientras cumplía con sus deberes como jefe de la tribu, en secreto invocaba a sus dioses pidiéndoles que permitieran su regreso a Egipto.

En Egipto reinaba con justicia el faraón Sesostris I, pero para ello había tenido que luchar duramente debido a las revueltas políticas. Por fin reinaba la paz.


Estatua de Sesostris I

A oídos del faraón llegaron noticias de Sinuhé a través de los viajeros egipcios que habían pasado por su casa, y le escribió pidiéndole su regreso a palacio y a su tierra, ya que sabía de su inocencia en el complot contra su padre.

Sinuhé, lleno de alegría, contestó a la carta de Su Majestad explicando sus temores y los motivos de su huída. Pasó el día repartiendo todos sus bienes entre sus hijos y se despidió de todos sus amigos, regresando a Egipto.



Sesostris I fue muy generoso con Sinuhé entregándole una enorme casa reformada que perteneció a un noble de la Corte y colmándole de bienes; y ordenó que le construyeran una magnífica tumba de piedra preparándole un merecido ajuar funerario para cuando le llegara el momento de su muerte.

Y así fue cómo Sinuhé el egipcio, colmado de honores y riquezas, esperó el momento de su muerte dichoso por encontrarse de nuevo en Egipto.

FIN



11 octubre 2011

LA MUJER GRIEGA




ARISTÓTELES en su Política, III, 1,  definió la ciudadanía como la posibilidad de participar en el poder político.
La mujer constituía, así, el sector social más alejado de la posibilidad de participar en él, por cuanto que, a diferencia de los metecos y los esclavos, no podía convertirse nunca en ciudadana.





LA FAMILIA GRIEGA


La familia era una institución básica en la antigua Atenas.
Estaba formada por el esposo, la esposa y los hijos, aunque también consideraban como parte de la familia a otros parientes dependientes y a los esclavos, por razón de su unidad económica. 
Niño enfermo en el templo de Esculapio, Waterhouse

La función principal de la familia era la de engendrar nuevos ciudadanos. 
Las estrictas leyes del siglo y estipulaban que un ciudadano debería ser producto de un matrimonio, reconocido legalmente, entre dos ciudadanos atenienses, cuyos padres también fueran ciudadanos. 



La fórmula del matrimonio que los atenienses utilizaban, para expresarlo de manera sucinta: "Te entrego esta mujer para la procreación de hijos legítimos" 

Por ley, la propiedad se dividía al azar entre los hijos sobrevivientes; como resultado, se buscaba que los matrimonios se realizaran entre un círculo cerrado de parientes, con el fin de preservar la propiedad familiar. 
La familia también ejercía la función de proteger y enclaustrar a las mujeres. 




LAS MUJERES GRIEGAS





Las mujeres podían participar en la mayor parte de las festividades y cultos religiosos, pero eran excluidas de otros actos públicos. 

No podían tener propiedades, excepto sus artículos personales.


Siempre tenían un guardián varón: si era soltera, su padre o un pariente varón; si estaba casada, su marido; si era viuda, alguno de sus hijos o un pariente varón. 
La función de la mujer ateniense como esposa, estaba bien definida. Su principal obligación era mantener a los niños, sobre todo varones, que preservarían el linaje familiar. 

En segundo lugar, una mujer debería cuidar a su familia y su casa, ya sea que hiciera ella el trabajo doméstico, o que supervisara a los esclavos, que realmente hacían el trabajo. 


Lavado de ropa Museo del Louvre


A las mujeres se las tenía bajo un estricto control. 
Hilaban, cosían, confecionaban y lavaban la ropa y se encargaban además de bañar y  ungir a los hombres.


Mujer griega hilando en su hogar

Debido a que se casaban a los catorce o quince años, se les enseñaban sus responsabilidades desde temprana edad.


Una amateur por John William Godward


Aunque muchas de ellas se las arreglaban para aprender a leer y a tocar instrumentos musicales, a menudo se las excluía de la educación formal.

Se esperaba que una mujer permaneciera en su casa, lejos de la vista, con excepción de su presencia en los funerales o en los festivales, como el festival de las mujeres de Tesmoforia. 


Una melodía, Godward




Si se quedaban en casa, debían estar acompañadas.
En el hogar permanecían en el gineceo que era la parte de la casa situada en el piso superior o en la parte posterior  en torno a un patio destinada a la esposa, las hijas y las sirvientes.
Los varones disponían de un salón propio denominado andrón para reunirse con sus amigos o celebrar simposios.

Diversión inocente por Godward



La dependencia del marido era tal que podía amonestarla, repudiarla o matarla en caso de adulterio, siempre que éste estuviera probado. 


Las mujeres de menor rango social tenían una vida más agradable ya que podían salir de sus casas sin ningún inconveniente.


Vendedora de fruta  por John William Godward

Podían acudir al mercado a vender o a comprar o a por agua a las fuentes públicas e incluso regentar algún negocio. 
En la fuente por John William  Godward


Al no existir presiones económicas ni sociales, los matrimonios apenas estaban concertados, siendo difícil la existencia de dotes. 
Si es cierto que numerosas niñas eran abandonadas por sus padres ya que se consideraban auténticas cargas para la familia.




LAS MUJERES EN ATENAS




En Atenas, las mujeres servían a los hombres de otras formas. 
La prostitución (tanto masculina como femenina) floreció en la Atenas clásica. La mayor parte de las prostitutas eran esclavas en los burdeles administrados como un negocio o un comercio por ciudadanos atenienses. 

Así las prostitutas se maquillaban de manera ligeramente escandalosa con vistosos coloretes, utilizaban zapatos que elevasen su altura, se teñían el cabello de rubio y utilizaban todo tipo de postizos y pelucas.
También se depilaban, utilizando navajas de afeitar, cremas u otros útiles. 
Mientras las mujeres atenienses se vestían con túnicas de lino o lana que ocultasen sus formas a los hombres, las prostitutas o las hetairas llevaban vestidos transparentes de colores llamativos como el color azafranado.
Amarilis por Godward




Estas modas serán rápidamente adaptadas por las demás mujeres, provocando continuas equivocaciones según nos cuentan algunos cronistas.




LAS HETAIRAS


Otra clase de prostitutas ocupaba una posición más favorable en la sociedad ateniense; estas cortesanas más refinadas eran conocidas con el nombre de hetairas, que literalmente quiere decir "acompañantes femeninas".


Alcibíades con las hetairas por Félix Auvray , 1833



Estas mujeres, que solían ser ex-esclavas extranjeras, eran más refinadas que las prostitutas habituales y eran famosas por sus logros musicales e intelectuales, así como por sus atributos físicos. 






Los atenienses varones conservaban la aristocrática costumbre de los simposios que eran fiestas refinadas donde se bebía y en las que con frecuencia solían estar presentes las hetairas.

A los simposios, no asistían las esposas.
Los varones disponían de un salón propio denominado andrón para reunirse con sus amigos o celebrar simposios.

El simposio de Platón por Giambattista Gigola c. 1790



Los simposios se llevaban a cabo en comedores exclusivos para hombres, en los que no estaban presentes las esposas.


Fresco representando un simposio


Las hetairas bailaban, tocaban instrumentos musicales y brindaban entretenimiento, incluidas las relaciones sexuales. El precio solía rondar el óbolo, la sexta parte de la dracma de plata. 

Estos establecimientos incluían en sus servicios masajes, baños y comida, la mayoría de carácter afrodisiaco. 

Para atraer al público, las mujeres solían vestir atuendos llamativos y llevar el cabello más largo que las atenienses, incluso algunas caminaban con un seno descubierto. 

Aspasia pintada por Marie Bouliard

Algunas hetairas llegaron a amasar fortunas considerables y a tener un gran renombre.
Entre las más famosas destacan Aspasia, Tais y Friné.




DEMÓSTENES


El célebre orador ateniense Demóstenes clasifica así a las mujeres griegas:




Tenemos  a las hetairas para el placer,a las criadas para proporcionarnos los cuidados  corporales diarios y a las esposas para que nos den hijos legítimos y sean las guardianas fieles de nuestra casa...






LA HOMOSEXUALIDAD


La homosexualidad masculina también fue una característica sobresaliente de la Atenas clásica. 
Se practicaba de manera generalizada y, ciertamente, era tolerada. 
La ley ateniense privaba de sus derechos ciudadanos a un ateniense que hubiese prostituido su cuerpo con otro hombre; pero no se molestaba en absoluto a los hombres que sostenían una relación homosexual con proxenetas o con otros hombres adultos, fuera ésta amorosa o por placer. 


La ley no eliminaba la prostitución masculina, pero, al actuar así, aseguraba que los proxenetas fueran extranjeros, y no ciudadanos atenienses. 
El ideal de la homosexualidad griega consistía en una relación entre un hombre maduro y un joven. 
Es muy probable que éste fuese un ideal aristócrata. 
Si bien la relación solía ser física, los griegos también la consideraban educativa. El hombre mayor se ganaba el amor de su pupilo gracias a su valía como maestro y por la devoción que demostraba en su educación. 
En cierto sentido, esta relación amorosa se concebía como una forma de iniciación de los jóvenes al mundo masculino de la dominación política y militar. 
Los griegos no juzgaban que la coexistencia de las preferencias heterosexuales y homosexuales creara problemas especiales a los individuos o a la sociedad.

Civilizaciones de Occidente Tomo A de Jackson Spialvogel